Arista Peyreget, Petit Midi (2807) al Grand Midi D´Ossau (2884).

Ubicado en Francia en el Parc National Pyrenees se eleva imponente y soberbio sobre el cielo del Pirineo el Midí d´Ossue (2884).  Este vetusto y solitario volcán pirenaico te atraen e hipnotizan desde la lejanía.  Por esa atracción tan llamativa su cima es de obligada visita. 

Son varias la veces que he ascendido el Grand Pic (2884), quería volver a saludarlo y mostrar mis respeto a su hermano menor el Petit Pic (2804). 

Esta imagen fue captada en primavera.


Y que mejor manera de hollar la cima de estas  majestuosas montañas que  realizando la actividad que os voy a relatar:

Que vaya por delante mis disculpas por si alguien se siente ofendido por lo que digo y piensa que igual dramatizo o exagero.

No me van a dar el Piolet de Oro por esta actividad, lo sé. Tampoco  estoy a la altura de semejante reconocimiento. Simplemente es mi opinión basándose en mis conocimientos, experiencia y mi manera de entender esta actividad. La cual merece todo mi respeto y no debemos desdeñar.

Su dificultad técnica esta catalogada como AD+, ya que no supera el IVº. Aunque su dificultad no sea muy elevada, no conviene olvidar que su desarrollo está dentro de los parámetros que rigen en las actividades de alta montaña. Se trata de un recorrido y trazado que transita por un terreno totalmente alpino y a veces bastante expuesto. Difícil de abandonar y exigente físicamente.

La actividad se puede realizar perfectamente en el día. Nosotros tardamos 6 horas en recorrer los 940 metros de desnivel que distan entre el Refugio de Pombie y la cima del Grand Pic y, 2,5 horas en descender desde la cima al Refugio.

Los horarios pueden variar según en número de personas, experiencia de éstos, condición física, formas y técnicas de progresión, etc...

Más factores a tener en cuenta:

La posible perdida del camino ya que por momentos el trazado es perdedor y poco evidente.

Factores medido-ambientales como: humedad, nieve o hielo en la roca, visibilidad reducida por la niebla...

La época del año, incluso en verano puede haber neveros que dificulten la progresión...

Parte meteorológico: tormentas, cambios brusco de temperatura...

En fin, lo que debemos hacer siempre antes de meternos en faena. Preparar muy bien la salida, pero en una actividad como esta aún pondría más énfasis.

Son muchas las variables que puede hacer que sea un paseo para algunas personas y para otras no les resulte tan agradable.

Es recomendable recopilar toda la información posible y contrastarla con alguien experto y conocedor de la actividad. Yo llame a un amigo, Pablo Carril, Guía de Alta Montaña. Él me informo correctamente y me resolvió  algunas  dudas. Me dio así, más confianza para afrontar mi empresa. Gracias.

La noche anterior habíamos llegado desde Madrid Jorge y yo. Estacionamos el coche en el aparcamiento de Aneus sobre las 20:30 horas. Preparamos las mochilas rápidamente y emprendido la marcha por el serpenteante camino que asciende hasta Refugio de Pombie. En una hora estábamos bebiendo agua en la fuente que hay justo al lado del Refugio y, habíamos superado los poco más de 400 metros de desnivel que nos separaban del aparcamiento.  

Llegamos con las últimas luces del día. Mi idea era llegar con algo de visibilidad para ver dónde íbamos a vivaquear, buscar un lugar para guardar el material de vivac el día siguiente y localizar el sendero que asciende al collado de Peyreguet. Como era de esperar, todo sin mayor complicación.

 

La noche estrellada, bonita. Soplaba un agradable viento, suave aunque algo frío. Nos abrigamos, cenamos, dejamos listas las mochilas para el día siguiente, estiramos los aislantes, colocamos encima los sacos y a dormir.

Lo mejor de la noche, un par de horas después fue contemplar, gracias a la luz de la luna, la silueta de la mole magmática que teníamos delante reflejada en el ibón. Increíble. Lástima que no hicimos ninguna fotografía.

 

4:40 de la mañana. Jorge me dice... vamos... no decías que teníamos que levantarnos a las 4:30... Sí sí, ya voy... ¡Qué pereza salir del saco!

No queda más remedio.

Desayunamos rápido, las mochilas ya estaban listas, escondemos el material de vivac y a las 5:15 con la linterna frontal en la cabeza partíamos por el cómodo y evidente camino que asciende al collado de Peyreget.


Una vez en el collado dejamos el camino principal y giramos hacía el norte (derecha) en busca de la arista. El camino es notorio al principio pero según avanzamos es exiguo para seguir su trazado. Conviene ir muy atento para no perderle.

Nosotros lo perdimos por no fijarnos bien e ir algo rápidos y porque la luz era insuficiente, pues a esa hora todavía no había amanecido. Debido a esto nos enriscamos. Ascendimos por una estrecha canal que luego tuvimos que destrepar no muy cómodamente para volver al punto donde nos habíamos separado del camino.

Como decía, hay momentos que el camino como tal no existe. Pero si nos fijamos muy bien en los hitos, el itinerario más o menos se sigue sin dificultad. Para ello, aparte de ir muy atentos para no perder estas señales, tenemos que caminar dejando a la derecha el contrafuerte de la arista que sube a la Punta Emanulle. Seguir progresado con tendencia a la izquierda y en diagonal por una ladera herbosa de pasto alpino hasta llegar a la altura de un hombro rocoso. Aquí en diagonal ascendente girar a la derecha hasta una pequeño collado que separa la Punta Emanuelle y nuestra  arista. Magnifico lugar para realizar un pequeño descanso.

 

Desde aquí contemplamos el magnífico amanecer. Con algo más de luz podemos hacernos una idea de por donde podría transcurrir el itinerario. Descendemos unos metros y flanqueamos un nevero por su parte superior. Apenas tocamos la  nieve. Ésta estaba muy transformada, dura como el mármol. Lo normal en verano a primera hora del día.

Seguimos progresando por un terreno completamente perdedor. Íbamos fijándonos bien en los hitos. Normalmente no hago muchos caso a esta señales, pero en este tipo de terreno no queda otra opción que la de seguirlos. Tampoco pasa nada por seguirlos, pues para eso están.


En esta sección no se progresa por el filo de la cresta sino por la vertiente de ´´La grande Raillere´´(La del Refugio).

Y como no, seguimos fijándonos en los hitos y, continuamos avanzando por un gran mar de caos de bloques y repisas.

Hay que superar una serie de pequeños resaltes de dificultad sostenida de IIº y IIIº. Este tipo de pasos se repiten con frecuencia  durante toda la ascensión.

Vamos avanzando hasta coronar una  pequeña brecha donde cambiamos de vertiente. Descendemos unos metros y bordeamos un contrafuerte rocoso que nos deposita en una  bonita placa  de roca blanquecina. Se trata de una placa de IIIº, algo tumbada, no muy vertical pero si aérea. Superando este punto y sin mayor dificultad llegamos a una canal. Ésta también se caracteriza por ser la roca de un color blanquecino.


Brecha de acceso para cambiar de vertiente.

En el centro y al fondo, la ´Mano de Peyreguet´.

Placa tumbada de IIIº. Nada vertical pero aerea

Canal de roca blanquecina que da acceso al filo de la cresta.


Metidos en la canal seguimos nuestra progresión ascendente, ahora no vemos mucho hitos. El sentido común nos dice que sigamos ascendiendo por donde podamos. Así lo hicimos.

Tras superar  algún resalte que otro de IIº y IIIº. Vemos una ancha chimenea muy vertical con unos cordinos en su base. Esto no hace dudar un instante si es por aquí por donde debemos continuar. Pronto desechamos la idea. Pues seguramente sea algún embarque de alguna otra cordada o algún descuelgue de rapel.

En pocos metros llegamos al paso clave de ascensión. Simplemente es un largo espectacular, que ahora sí, recorre el filo la cresta. Es un tramo  muy aéreo y vertiginoso  que además te obliga a moverte con cierta habilidad. Nos encanto a los dos. Francamente muy estético y bonito.

Aunque para hacer honor a la verdad, no sabíamos exactamente si en realidad ese era el paso. Pues no había ninguna evidencia que así lo indique. Como no había otra alternativa y nuestro sexto sentido no decía que sí, sacamos la cuerda y demás material. Montamos una  buena reunión y para arriba. Como no teníamos claro si realmente íbamos bien y, antes de apurar toda la longitud de cuerda montamos una reunión  en una repisa muy cómoda justo al terminar de la sección vertical. Nos reunimos y hacemos otro mini largo. Sigo progresando por la arista, por una sección más relajada y no tan vertical. A pocos metros veo literalmente en el suelo una reunión equipada con un parabolt y otro anclaje más precario, que me pareció que era un buril.  Gracias al hallazgo de esta reunión se despejo toda sobra de duda. Vamos bien.

Creo que no hubiera sido necesario montar la reunión intermedia. Posiblemente con nuestra cuerda de 40 metros hubiéramos podido hacer el largo completo. Al fraccionarlo perdimos algo de tiempo. Aunque que tengo la certeza de que hicimos lo correcto, al no tener muy claro por dónde debíamos de seguir y, si tendríamos cuerda suficiente.

Nos ruinemos de nuevo. Cambiamos impresiones y continuamos ahora en ensamble. Tras superar algunos bloques cimero llegamos a la cima del Petic Pic. ¡¡Encantado de conocerla, todo un placer!!

 

Empezando el largo clave de la arista Peyreget al Petit Pic. IVº

Tramo de arista donde montamos la reunión intermedia.

Llegando a la reunión instalada en el suelo. 

Hay que fijarse bien.


El Petic Pic es una de esas montañas  con empaque. Su cima no la regalan. La forma más sencilla de llegar a ella es realizar el recorrido que acabamos de completar. Si a esto tienes que añadir, como es lógico, el descenso por el mismo itinerario. Esto supone una actividad técnica y muy sería. Que requiere unos mínimos conocimientos técnicos y, contar con una forma física bastante aceptable.

 

Dicho esto... Abrazo y felicitaciones, foto de rigor, alguna barrita, agua y para el collado de la Frouche.

Emprendemos el descenso por los mismos bloques cimeros en busca de la canal de bajada al Collado.

Las vistas desde aquí del Grand Pic impresionan y asustan. Sólo pensar por donde transcurre la ruta hace que uno se lo piense dos veces antes de bajar al Collado y posteriormente escalar el Grand Pic.

 

Con mucha franqueza reconozco qué, no es tan fiero el ogro como lo pintan. Una vez en el Collado, la perceptiva cambia brutalmente e impone bastante menos.

 Vamos destrepando la canal. El suelo compuesto de bastante gravilla, con piedra descompuesta y suelta.

Nos ayudamos de la roca de la pared para bajar, descendemos con mucho cuidado y despacio. El vacio que se entrevé a nuestros pies es sobrecogedor. Así que con calma.

Llegamos a la línea de rápeles. Reunión montada con tres herrumbrosos clavos y unidos con varios cordino y cintas roídas por las inclemencias del tiempo. Aún así me parecen bastante fiables.

Realizamos un corto rapel  de uno 15 metros, con tendencia a la derecha en ligera diagonal.

Llegamos a la otra instalación. Más de lo mismos, cordinos, cintajos y clavos. Por cierto, esta reunión no es muy cómoda a para permanecer en ella más de dos personas.

Instalamos la cuerda, antes tuvimos que empalmar dos trozos de cordino de 5 metro cada uno con el fin de poder recuperar  la cuerda. Bajamos en simple en una tirada de 25 metros. Recuperamos la cuerda, menos mal, sin problema. Pues el nudo tope más lo otros dos nudos de unión podrían haberse quedado atascado en alguna fisura o saliente de roca. Si hubiera pasado esto, hubiéramos  trepado a recuperar la cuerda. No es un terreno muy complicado, se supone que la chimenea que acabamos de descender es de -IVº. Eso sí, no te caigas en el intento. Que como diría mi padre ´´ te quitas de fumar echando hostias´´.

Rapel para descender al collado de Frouche

Placa de roca grisacea, paso clave para ascender al Gran Pic.

Salida de la chimena, progresión en ensamble. 


Como dije antes, el patio que se dibuja debajo de nuestros pies sobrecoge.

Seguimos pues con la misma tónica, bajamos despacio y afianzando bien cada paso. Por fin llegamos al collado de La Frouche. Las vistas son impresionantes.

Por la pedrera caminamos cómodamente en busca de la placa de roca gris, que es por donde vamos a comenzar el asalto a la fortaleza.

Un antiguo clavo y un friend que se ha quedado ahí a vivir para siempre, nos dan la bienvenida a este paso.  Ahora si está muy claro, es por aquí.

Nos encordamos de nuevo, Jorge toma la iniciativa. ¿Por qué quitarle ese gusto? Empieza el largo en travesía a la izquierda. Esta sección de placa se protege de maravilla y no es muy complicada técnicamente. 

Continúa rodeando el espolón  grisáceo para meterte en una estrecha canal chimenea bastante vertical. Se puede emplazar seguros flotantes con facilidad  en las diversas fisuras, restándole  exposición al largo. Cuenta también con buenos apoyos tanto para pies como para manos. En la salida del largo la verticalidad se suaviza para llegar a una enorme repisa donde se monta reunión en un gran bloque.

Este largo es toda una delicia escalarlo. Aunque de segundo todo es más fácil, ya se sabe.


 

 

Nos reunimos. Jorge me dice, llévame a la cumbre y yo como buen Guía, así lo hice.

De nuevo seguimos los hitos. Entre resalte y resalte, más algún paso aislado de IIIº y alguna que otra chimenea, desde aquí ya es un mero trámite hasta llegar a la cumbre. El terreno a partir de ahora es mucho más amable. Aún así no hay que relajarse en exceso.

Desde este punto a la cima decidimos progresar en ensamble. Utilizaríamos esta técnica de progresión, pues  bien ejecutada es una buena forma de eficaz de avanzar rápidos y seguros. De hecho creo que es la maniobra correcta para transitar por el tipo de terreno por el cual nos íbamos a mover. Avanzaríamos asegurándonos con puntos intermedio, emplazando algún seguro flotante y pasando la cuerda entre bloques y salientes de roca.

Salimos de la reunión hacia la izquierda (derecha orográfica) para acceder  a una canal aterrazada por donde se puede caminar sin mayor dificultad. Seguimos los pasos más evidentes para adentrarnos en una estrecha chimenea de unos 20 o 30 metros. Al llegar  al final de la chimenea nos reunimos para valorar la continuación. 

Desde este punto decidimos hacer un largo, pues de nuevo no tenemos claro la continuación. Sigo avanzando y superando algún que otro resalte algo vertical hasta completar toda la longitud de cuerda.

No monto reunión. Paso la cuerda por un gran bloque de roca  y aprovecho para asegurar a mi compañero. Con la fricción y el rozamiento que ejerce la cuerda en la roca sería suficiente para retener una posible caída.

La lógica nos marca el rumbo de nuevo. La progresión se nos antojaba segura, rápida y fluida hasta la cima del Midi D´Ossau.

 

 Ahí estábamos los dos, abrazándonos felizmente y contentos por vivir una gran experiencia en la montaña.

Quedaba el descenso, que lo emprendimos por la ruta normal. 

Quiero agradecerte Jorge tu compañerismo.

Nos compenetramos bien y entre los dos somo muy resolutivos, las carencias de cada uno es suplida por el otro.

Con alguien como tú se disfruta mucho más de la actividad.

Pongo en valor la importancia de ir bien acompañado al monte y eligir a un buen compañero de cordada y contigo estoy convencido que formamos una cordada muy buena.

Gracias de verdad.

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Jorge González Ciprián (lunes, 03 diciembre 2018 23:08)

    Sí señor, maravilloso día, magnífica ruta y un grandioso guía ( y mejor persona).
    Gracias compañero por llevarme a la cumbre y compartir conmigo tan maravillosa actividad.
    Por muchas más como ésta. 100%recomendable